Dr. Jorge Cubrías – Medicina Cognitiva de Precisión
Fundador SESAP | Director Médico Clínica Cellmedik
1. Introducción: La invasión silenciosa
Cuando pensamos en la contaminación por plásticos, la imagen que suele venir a la mente es la de una botella flotando en el océano. Sin embargo, una amenaza mucho más íntima y silenciosa ya está ocurriendo: la invasión de microplásticos (MP) y nanoplásticos (NP) dentro de nuestros cuerpos. La escala del problema es alarmante. Los estudios estiman que cada semana, los seres humanos consumimos el equivalente a una tarjeta de crédito en microplásticos. Estas partículas no solo pasan a través de nosotros; se están acumulando, y la ciencia apenas comienza a descifrar el verdadero precio que nuestros cuerpos podrían pagar por esta invasión silenciosa.
2. Los 5 descubrimientos más sorprendentes sobre los microplásticos
2.1. No solo están en el océano: Han llegado a nuestros órganos más protegidos
Creíamos que ciertas partes de nuestro cuerpo, como el cerebro o el sistema reproductivo, estaban protegidas por barreras biológicas casi infranqueables. Los microplásticos han demostrado que no es así.
Un estudio post mortem de 2024 (Nihart et al.) reveló una acumulación creciente de microplásticos en el cerebro humano, con concentraciones entre 7 y 30 veces mayores que en el hígado o los riñones. De manera aún más preocupante, el análisis encontró una correlación entre una mayor concentración de estas partículas y pacientes que habían sido diagnosticados con demencia.
Pero el cerebro no es el único santuario invadido. Los científicos han detectado microplásticos en la placenta, el semen, el líquido folicular e incluso la leche materna, lo que demuestra que nuestra exposición a estos contaminantes comienza antes de nacer y continúa desde el primer día de vida.
Las evidencias científicas dan cuenta de la presencia de MP y MNP en el entorno y de la capacidad de penetrar en el ser humano, superando la barrera hematoencefálica, o la placentaria, lo que suscita los temores por las alteraciones que puede provocar en el feto y, por ende, ante cualquier impacto transgeneracional.
2.2. Una de las fuentes podría estar en tus manos: Los cigarrillos
Además de las fuentes obvias como los envases de alimentos y el agua embotellada, una de las vías de exposición más directas y sorprendentes son los cigarrillos. Los filtros de los cigarrillos tradicionales están hechos de acetato de celulosa, una forma de plástico.
Un análisis reciente detectó microplásticos en el 99% de los filtros de cigarrillos estudiados. Esto significa que los fumadores no solo inhalan los tóxicos del tabaco, sino que también inhalan e ingieren directamente las partículas plásticas que se desprenden del filtro. A nivel ambiental, el problema es masivo: se estima que 4.5 billones de colillas se desechan cada año en todo el mundo, convirtiéndolas en una de las principales fuentes de contaminación por microplásticos del planeta.
2.3. No son partículas inertes: Actúan como «Caballos de Troya» tóxicos
Uno de los mayores malentendidos sobre los microplásticos es pensar que son fragmentos inertes y biológicamente inofensivos. La realidad es que actúan como vehículos para el caos celular a través de tres mecanismos principales:
- Vector de contaminantes: Los microplásticos son como esponjas que absorben otras sustancias químicas tóxicas del ambiente, como metales pesados, pesticidas y bisfenoles. Una vez dentro de nuestro cuerpo, liberan esta carga tóxica directamente en nuestros tejidos.
- Disruptores endocrinos: Tanto los aditivos químicos presentes en los plásticos como las propias partículas pueden interferir con nuestro sistema hormonal. Los estudios los han relacionado con una peor calidad del esperma en hombres y con disfunciones en la función ovárica en mujeres.
- Generadores de inflamación y estrés oxidativo: La presencia de estas partículas extrañas desencadena una respuesta inmunológica que puede derivar en inflamación crónica y estrés oxidativo. Esta condición está vinculada a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos neurodegenerativos e incluso cáncer.
2.4. La solución del futuro: ¿Filtrar nuestra sangre para limpiarla?
Ante la creciente evidencia de bioacumulación, ha surgido una pregunta lógica: ¿podemos eliminar estos plásticos de nuestro cuerpo? Una de las tecnologías más vanguardistas que se están explorando es la aféresis terapéutica o plasmaféresis. Este procedimiento consiste en extraer la sangre del cuerpo, hacerla pasar por un filtro especializado que separa el plasma, elimina toxinas y partículas no deseadas (incluidos los microplásticos) y, finalmente, devuelve la sangre limpia al organismo.
Clínicas privadas, como la Clarify Clinic en Londres, ya ofrecen estos tratamientos de «limpieza de sangre» por un costo elevado, que ronda los 13,000 dólares por sesión. Sin embargo, es importante ser cautelosos. Expertos como Matthew Campen, un pionero en la detección de microplásticos en el cerebro, subrayan que aún no existe evidencia científica sólida que demuestre los beneficios clínicos reales de estos tratamientos específicamente para la eliminación de microplásticos y la mejora de la salud a largo plazo.
2.5. Una chispa de esperanza podría estar en la naturaleza
Mientras la tecnología busca formas de «limpiar» nuestros cuerpos, otra rama de la ciencia explora cómo la naturaleza puede ayudarnos a mitigar el daño. La clave de su potencial no es mágica, sino bioquímica: muchos de estos compuestos son potentes antioxidantes y antiinflamatorios que combaten directamente el estrés oxidativo y la inflamación crónica que los plásticos generan en nuestras células.
Entre los candidatos más prometedores se encuentran las antocianinas, potentes antioxidantes que dan su color rojo, morado y azul a muchas frutas y flores. La investigación sugiere que estos compuestos podrían ayudar a contrarrestar la toxicidad reproductiva inducida por los microplásticos. Otros compuestos naturales, como la melatonina y los probióticos, también han mostrado resultados prometedores en estudios preliminares para reducir el daño celular y el estrés oxidativo causados por estas partículas.
3. Conclusión: Un desafío global y personal
La invasión de los microplásticos ya no es una predicción futura, sino una realidad biológica. Han superado nuestras defensas naturales y se han instalado en los rincones más profundos de nuestro organismo, con implicaciones que apenas comenzamos a comprender. Ante esta creciente preocupación mundial, centros de salud como la Clinica Cellmedik, liderada por el Dr. Cubrias, están prestando atención al impacto de estos contaminantes en la población y explorando terapias avanzadas para hacerle frente.
La evidencia es clara: estamos ante un desafío que exige tanto acciones globales para frenar la contaminación en su origen como conciencia personal para mitigar nuestra exposición.
Si el plástico definió el siglo pasado, ¿definirá la desintoxicación del plástico el siglo que viene?
