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Dr. Jorge Cubrías – Medicina Cognitiva de Precisión
Fundador SESAP | Director Médico Clínica Cellmedik

La Psoriasis como Enfermedad Sistémica

Históricamente, la psoriasis se abordó como un trastorno de hiperproliferación de queratinocitos. Sin embargo, la evidencia acumulada hasta 2024-2025 ha redefinido la patología como una disregulación inmunológica sistémica crónica, mediada principalmente por células T.

Este cambio de paradigma nos obliga a dejar de tratar únicamente la «lesión visible» para enfocarnos en los «interruptores moleculares» subyacentes. La meta clínica ha evolucionado del Psoriasis Area and Severity Index (PASI) 75 al PASI 100 (aclaramiento total) y, más ambiciosamente, a la modificación del curso natural de la enfermedad.

1. La Tríada Molecular: ¿Qué impulsa la enfermedad?

Para plantear una resolución definitiva, debemos diseccionar los tres mecanismos moleculares responsables de la perpetuidad de la inflamación:

A. El Motor Inflamatorio: Eje IL-23 / Th17 / IL-17

La vía canónica de la patogénesis está bien establecida. Las células dendríticas activadas secretan Interleucina-23 (IL-23), la cual es vital para la supervivencia y expansión de las células Th17 patogénicas. Estas, a su vez, secretan IL-17A e IL-17F, citocinas efectoras que actúan sobre los queratinocitos induciendo la expresión de péptidos antimicrobianos y quimiocinas, cerrando un círculo vicioso de inflamación y proliferación epidérmica.

B. La Huella Genética: Disfunción de NF-kB

Estudios genómicos recientes han identificado mutaciones de ganancia de función en genes como el IKBKB. Esta alteración provoca una activación constitutiva del factor nuclear kappa-light-chain-enhancer of activated B cells (NF-kB). Clínicamente, esto traduce a células Treg defectuosas que, en lugar de inducir tolerancia, exacerban el fenotipo inflamatorio, vinculando la psoriasis cutánea con la artritis psoriásica.

C. El Desafío de la Recurrencia: Células T de Memoria Residente (TRM)

¿Por qué la enfermedad recidiva en las mismas localizaciones anatómicas? La respuesta reside en las células TRM CD8+ que permanecen «dormidas» en la epidermis resuelta. Estas células constituyen una «cicatriz inmunológica» invisible, listas para reactivar la cascada inflamatoria ante desencadenantes exógenos (estrés, trauma mecánico o disbiosis).

2. Estrategias de Resolución: Del Control a la «Cura»

La Ventana de Oportunidad: «Hit Hard and Early»

La evidencia sugiere que el bloqueo temprano y agresivo del eje IL-23 (mediante biológicos como Guselkumab o Risankizumab) podría tener el potencial de modificar la enfermedad. La hipótesis es que, al impedir la señalización de IL-23 en fases incipientes, se podría inducir la apoptosis de las células TRM patogénicas, restaurando la homeostasis inmunológica a largo plazo (remisión libre de fármacos).

Terapias Emergentes

Mirando hacia el futuro inmediato, la edición genética (CRISPR/Cas9) para corregir mutaciones en IKBKB o CASP1, y el uso de Células Madre Mesenquimales (MSCs) para «resetear» el perfil de las células Treg, representan las vías más prometedoras hacia una cura biológica definitiva.

3. Abordaje Adyuvante: Inmunonutrición de Precisión

Mientras la farmacología se ocupa del bloqueo de citocinas, la intervención nutracéutica debe enfocarse en modular el terreno biológico y reducir la carga inflamatoria basal. No como alternativa, sino como sinergia obligatoria.

Modulación Epigenética (Vitamina D3 + K2): La forma activa de la vitamina D (calcitriol) actúa como un ligando del receptor VDR, inhibiendo la proliferación de queratinocitos y desviando el perfil de células T de Th17/Th1 a Th2/Treg.

Target: Niveles séricos de 25(OH)D > 60 ng/mL.

Inhibición de la cascada del Ácido Araquidónico (Omega-3): Altas dosis de EPA/DHA compiten por las enzimas ciclooxigenasa y lipooxigenasa, reduciendo la síntesis de eicosanoides proinflamatorios (PGE2, LTB4) que alimentan la señalización IL-17.

Bloqueo de NF-kB (Curcumina Liposomal): La curcumina ha demostrado ser un potente inhibidor natural de la fosforilación de IκB, impidiendo la translocación nuclear de NF-kB y, por ende, la transcripción de genes inflamatorios (TNF-α, IL-6).

Eje Intestino-Piel: La permeabilidad intestinal (Leaky Gut) permite la translocación de LPS bacterianos que activan la inmunidad sistémica. El uso de probióticos específicos (L. rhamnosus) es fundamental para sellar esta barrera.

Conclusión

La resolución de la psoriasis exige abandonar el enfoque monoterapéutico. El futuro del tratamiento reside en una estrategia híbrida: biológicos de alta precisión para silenciar el eje IL-23, combinados con una intervención metabólica y nutracéutica que restaure la señalización celular correcta. Como profesionales de la salud, es nuestra responsabilidad integrar estas herramientas para ofrecer a nuestros pacientes no solo una piel limpia, sino una salud sistémica recuperada.

Referencias Bibliográficas

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Dr. Jorge Cubrias
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